Mother! (2017) – Aronofsky

por Avanti

10/03/2020

Camm

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La película que dividió a la crítica y la audiencia, pero apostó a hacer un cine diferente.

Este film de Darren Aronofsky se estrenó en 2017 y, gracias a Netflix que la incorporó a su catálogo, está siendo furor en las redes por los sentimientos encontrados que despierta en sus espectadores. Quizás llegué un poco tarde a verla, pero no quería dejar de compartirla con ustedes.

La crítica y la audiencia se dividieron instantáneamente: unos le dieron malas puntuaciones y la relegaron completamente, calificándola de larga y aburrida, considerándola una de las peores películas de terror. Otros destacaron sus alegorías y la dureza de sus escenas, la relación directa que tiene con los horrores que se han vivido desde el comienzo de los tiempos y su forma de ser llevados a la pantalla.

Veamos juntos qué misterios nos regala esta película, ¿les parece?

Empecemos con la sinopsis del film.

En el medio de un lugar que parece ser un bosque alejado de todo, se alza una mansión victoriana a medio terminar. En ella viven un famoso poeta, incapaz de seguir escribiendo, acompañado por su joven esposa, quién a la vez se dedica a reconstruir la antigua vivienda después de que un gran incendio la destruyó antes de conocerlo.

Su tranquila vida es interrumpida una noche por un hombre que golpea la puerta buscando un lugar donde alojarse. Rápidamente se hace amigo del poeta, para descontento de su esposa. Con el mismo rechazo recibe al resto de la familia del hombre, que durante los días siguientes se le instalan sin mucha contemplación, no solo invadiéndola sino ignorando por completo sus deseos o pedidos acerca del cuidado de la casa.

Todo parece volver a su cauce cuando finalmente logra deshacerse de los intrusos, no sin antes vivir una serie de situaciones límite. Queda embarazada y ayuda a que el poeta vuelva a escribir, siendo su musa inspiradora. Pero cuando su nuevo libro se publica solo sirve para atraer a nuevos invasores. Y se desata el caos…

Ella da a luz a su hijo en medio de ese desastre. De esta casa llena de invasores destruyéndolo todo. Cuando terminan los destrozos, matan a su bebé y se lo comen. Su esposo intenta convencerla de que todo está bien y que debe perdonarlos. Ella, horrorizada y furiosa, decide prenderle fuego la casa y acabar con todos de una vez y ¿para siempre.?

 

La descripción inicial parece algo confusa, en parte porque los personajes no tienen nombres que los identifiquen, solo cualidades definidas que los separan y, a la vez, les aportan características en común, simbolismos que debemos encontrar.
Al principio nada tiene coherencia. ¿Es una historia de terror? No parece serlo. Si bien tiene muchos elementos de este género tales como el clima en el que nos vemos inmersos, no busca asustarnos sino inquietarnos constantemente. Es un thriller surreal. Hay elementos surrealistas, que lejos están de los fantasmas a los que estamos acostumbrados, pero que acompañan la trama y la fortalecen.

 

Los objetivos de la película son bastante claros: confusión, sorpresa y náuseas, son los efectos que le interesa provocar al director.

 

La trama comienza algo lenta, confusa y, quizás eso para algunos espectadores resulte aburrido; pero va subiendo de ritmo hasta volverse un bombardeo de situaciones a medida que más gente entra a esa casa. Religión, ambientalismo, fama, egocentrismo. Son las referencias y metáforas las que empujan hacia adelante la narrativa, pidiéndonos el esfuerzo de mantener la atención sobre lo que está sucediendo al mismo tiempo que seguimos intentando descifrar lo que pasó un instante antes, desenmarañando el surrealismo que se vuelve progresivamente más intenso.

Todo lo que vemos pasa por el filtro de los ojos de la abrumada protagonista, quién no sale nunca de cámara.
Aronofsky se preocupa de que nos sintamos tan confundidos como ella, moviendo la cámara en círculos tan rápidos que replica en nosotros el malestar que siente en determinados momentos o llevando la cámara a primeros planos, primerísimos primeros planos que revelan su desconcierto y, poco a poco, como la situación la ha superado por completo, trasmitiéndonos esta misma sensación.

No le alcanza con mostrar una historia que apenas explica y que todos los demás dicen entender quiere provocar una reacción física en el público.

 

“¡Madre!” es un espejo. Aronofsky escribió un guion basado en la biblia. Está contando su propia versión del Antiguo y el Nuevo Testamento a través de una idea: “la conflictiva y contradictoria relación de Dios con sus criaturas”.
Construyó alegorías y les dio a los actores la posibilidad de ser Dios, la madre naturaleza, Adán, Eva, Caín y Abel. Una montaña rusa de emociones que retrató la forma en la que nos adueñamos de una casa que no es nuestra y de cómo la destrozamos. Un suceso de hechos que se veían terroríficos y lejanos, pero que revelaban nuestra miseria.

Jennifer Lawrence interpreta a Madre. Javier Bardem es Él.

Para entender mejor lo que ocurre a lo largo del relato, es necesario saber y entender los roles que ambos desempeñan.
Él es Dios y ella, la Madre naturaleza. La casa es El Jardín del Edén . El paraíso: el estudio de Él. El infierno, el sótano de la casa.
A la tierra, posteriormente, llegaron Adán y Eva, quienes se comieron la fruta prohibida, hecho que Aronofsky narró con el rompimiento de un diamante muy cuidado por Él, que está cargado de simbolismos desde el minuto cero de la película y es lo que completa el circulo o este “espejo” antes mencionado.
Después de ellos, aparecieron Caín y Abel; y sí, Caín terminó matando a su hermano Abel.
A pesar de todo, Dios continúa perdonándolos, por lo que les permite continuar habitando la casa, que más tarde termina convirtiéndose en el escenario de los peores horrores del mundo.
Después de la visita de los intrusos a la casa, Él al fin logró inspirarse y escribió la obra más vendida de todos los tiempos: los 10 mandamientos. A la casa llegaron los fieles. Personas provenientes de diferentes países del mundo que adoraban a Dios, pero que interpretaron a su manera sus letras y que terminarán por desatar el caos y la violencia en un paralelismo con la “caída del hombre” de la Biblia.
Madre, embarazada y herida debido al descuido de los invitados, dio a luz en medio del caos a un bebé que posteriormente le arrebató Dios para enseñárselo a sus seguidores, quienes lo retuvieron, lo mataron y comieron de él. Ese niño era Jesús. Una clara analogía al pan y el vino que representan el cuerpo y la sangre de Jesucristo en la eucaristía.

Mucho de todo esto no es más que una interpretación personal, pueden tener sus propios simbolismos. También se puede pensar en el machismo, la existencia de un dios y el rol de la mujer. Algunos han interpretado también el personaje de Lawrence como una representación de la tierra y el de Bardem como el hombre y su poderío destructivo.

Aunque Darren Aronofsky afirma que ‘Madre!’ es una historia sobre la Madre Naturaleza contada a través de los ojos de Jennifer, añadiendo que sólo emplea la Biblia como estructura para narrar la historia, y no como elemento clave a nivel argumental, para analizar cómo los humanos han vivido en la tierra. También agrega que desde el principio de la escritura del guión tenía pensado hacerla cíclica para mostrar como el narcisismo del protagonista nunca acaba.

Todo esto se ve reforzado por la puesta en escena, el sonido y la fotografía que imita distintas etapas de la historia de la pintura clásica.

Todas estas escenas son literales, reveladoras, duras. Es una película que desagrada. Es despiadada, sorprende.
Los espectadores esperan encontrarse con una historia lenta y profunda sobre la cotidianidad de la vida. Contrariamente a esto, ‘Mother!’ se filtra entre nuestra culpa para recordarnos que hemos sido fanáticos, crueles y arrogantes. Es insoportable: pone de frente y sin consideración el hecho de que hemos alabado a Dios por el afán de salvarnos y que es más fácil hacerlo culpable de todos nuestros males que asumir nuestros propios errores y responsabilidades.

La ceguera del mundo siguiendo las órdenes religiosas ha resultado macabra y a causa de cumplir tales dictámenes, interpretados a nuestro antojo, hemos legitimado la guerra, la destrucción y hasta el canibalismo, convirtiendo el hecho de comernos al hijo de Dios, otro humano como nosotros, en un acto solemne.

 

Es una película compleja, no indescifrable. Requiere algunos conocimientos previos, sí. Pero no necesariamente debemos ser expertos en religión para entender las analogías. Yo no lo soy y he podido analizarla y entenderla sin ningún problema. Aunque debo confesar que, en una primera instancia me encontré mirando la pantalla con desconcierto como cualquier otro espectador, hasta que las piezas del rompecabezas empezaron a cuadrar una con otra y el relato fue desarrollándose armónicamente y pude seguirlo en mi cabeza, descifrando las metáforas. Además, hay mucho más allá del simbolismo religioso, como ya hemos estado escribiendo y, lo más nutritivo de la película es la libertad de interpretación que nos presenta.
Junto a la gran cantidad de imágenes simbólicas que se suceden constantemente, y debemos descifrar, el director pretende una reacción más fuerte, intensa; desea que la película, de ser posible, ofenda o disguste. Y podemos decir que ha conseguido este objetivo con éxito, al dividir a la crítica como lo ha hecho.

 

Otra lectura más sencilla que podemos hacer, es hablar del ego del autor y el maltrato de la musa. Seguimos el sufrimiento del devoto personaje de Lawrence, siempre a la sombra de un marido que exprime hasta la última gota de su esfuerzo y amor ciego con el único objetivo en mente de culminar su creación.
Pese al horror vivido por Madre y a su sacrificio por Él, reflejado mediante la gasolina y el fuego que la terminan consumiendo por voluntad propia, a la musa aún le queda una última muestra de amor que ofrecerle en una metáfora tan burda como efectiva: le entrega su corazón.
El artista, de espíritu egoísta y ambición ilimitada recoge la ofrenda, generando una nueva fuente de inspiración, una nueva musa, tras quedarse sin más que aprovechar de Madre.

 

Y es que al final, la película asfixia aún más al espectador que a su protagonista, ya que padecemos todo por lo que pasa ella, pero con un añadido: Lawrence nos muestra en todo momento que no termina de entender lo que sucede y nos trasmite esa sensación, pero en nuestro caso se nos exige más, porque lo que para ella no tiene sentido, para nosotros tiene que tenerlo. No tiene que ser el mismo para todos, pero algo tiene que despertarnos, ahí reside su encanto.

Por eso, considero que esta película cumplió su objetivo. Aún estoy debatiendo conmigo misma si me gustó o no me gustó, pero debemos aprender a diferenciar el gusto personal de una buena obra. Y este es un buen film. Porque toma características de varios géneros, simbologías de la religión y las resignifica, quiere dar un mensaje, y lo trasmite. Nos deja pensando, no nos da todo servido en bandeja. El fin del director es despertarnos, concientizarnos, cambiar el paradigma de una historia que todos conocemos, dándole una vuelta de rosca. Incluso para aquellos que no estamos tan familiarizados con el tema, entendemos y nos deja recalculando.
Puede gustarnos o no la obra del director, pero tiene un sello distintivo que no pasa desapercibido, y eso hace al buen arte, dejarnos a todos hablando de lo que vimos.

¿A ustedes qué les pareció? ¿Qué conclusión sacaron? ¿Comparten mi interpretación o tienen una diferente? No quiero spoilear el final, aunque creo que los que llegaron hasta acá ya la vieron. Pero, no es hermosa la vuelta al comienzo, ese ciclo que se repite como si fuese una reencarnación tras otra, buscando que hagamos, de una vez, las cosas bien para romper ese loop… Déjenlo en los comentarios.

 

Escrito por Camm
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