Hugo: una película con mucha historia

por Avanti

29/07/2020

Camm

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La magia detrás de la invención

‘La invención de Hugo’ es un film de 2011 dirigido por Martin Scorsese. Quizás ya pasaron varios años para mencionarlo, pero no quería dejar de hacerlo ya que es un film que tiene un encanto que merece ser recordado.

Creo que una de las cosas más lindas de encontrarse viendo este film, es descubrir el camino que recorre dentro de la historia que nos cuenta, que comienza como algo meramente ficcional y termina sorprendiéndonos. No sé si todos nos enfrentamos a ella sin saber el verdadero significado de lo que estábamos a punto de ver o con qué íbamos a encontrarnos, pero yo quedé complacida con los resultados.

De más está decir que Scorsese es un director sublime, pero esta obra de arte, la primera que realizó en 3D, y nos cuenta un relato dentro de otro (como un picture in picture), nos lleva de paseo por la historia del cine.
Una película, que es una oda al séptimo arte

Como siempre, vamos a comenzar poniéndonos en contexto, con una sinopsis del film.

Hugo (Asa Butterfield) es un niño de principios del siglo XX que vive con su padre inventor (Jude Law), hasta que fallece en un accidente y Hugo debe irse a vivir con un tío alcohólico, quién repara los relojes de la estación de trenes Montparnasse, en París. Su tío desaparece y Hugo debe permanecer escondido para evitar que se lo lleven a un orfanato, y continúa ocupándose de los relojes para que nadie note la ausencia de su tío. En paralelo, intenta arreglar un autómata escritor, el único recuerdo que guarda de su padre y en el que cree que le dejó un mensaje. A partir de esto, se embarca en una aventura para descifrar el misterio del autómata junto a Isabel (Chlöe Grace Moretz), una niña que parece poseer la clave que va a llevarlo a descifrar este enigma.
Las piezas necesarias para arreglar el autómata las roban de la tienda de juguetes de un viejo gruñón (Ben Kingsley) que, en realidad, no es más ni menos que George Méliès, el gran pionero del cine de efectos especiales, con el que entabla una amistosa relación.

 

Cabe destacar que la película está basada en un libro homónimo, de Brian Selznick. Ambos cuentan la historia real de Méliès, un mago de gran éxito, muy talentoso; que descubrió el cine en la primera proyección pública de los hermanos Lumière (28-XII-1895) y que comprendió, de inmediato, que le serviría para experimentar un sinfín de trucos ópticos en la gran pantalla, algo con lo que, sin saberlo, terminaría transformando la historia del séptimo arte.

Como los Lumière no quisieron venderle una cámara, construyó la suya propia. Empezó a investigar cómo crear películas parecidas al ilusionismo, consiguiendo resultados sorprendentes. Fue el inventor del truco de sustitución de elementos frenando la cámara, cambiando el objeto y continuando grabando; de la exposición múltiple del negativo (doble sobreimpresión) y los fundidos a negro y desde negro.

También construyó los primeros estudios de cine, como se puede observar en la película de Scorsese, quién, haciendo la gran Hitchcock, en esa secuencia, hace un cameo interpretando a un fotógrafo.

Cosechó un gran éxito y en 1902 rodó su obra maestra, ‘Viaje a la luna’, con esa inolvidable imagen de un proyectil de cañón clavado en el ojo de la Luna, uno de los primeros iconos del cine.

Pero, no todo fue color de rosas en la vida de George, ya que durante la Primera Guerra la asistencia al cine decayó y, en consecuencia, en 1923, acosado por las deudas, tuvo que vender sus propiedades y abandonar Montreuil. En 1925 se reencontró con una de sus principales actrices, Jeanne d’Alcy, con la que dirigió un quiosco de juguetes y golosinas en la estación de Montparnasse. Allí fue reconocido por Léon Druhot, director de Ciné-Journal, que lo rescató del olvido.

Poco antes de la muerte de Méliès, en 1938, la Cinemateca francesa recuperó y restauró gran parte de sus películas. Desde 1946 el Premio Méliès otorga anualmente el reconocimiento a la mejor película francesa.

El libro cuenta con 534 páginas de ilustraciones originales y combina elementos de los álbumes ilustrados, las novelas gráficas y el cine. Brian Selznick expande los límites del concepto de novela, creando una nueva experiencia lectora.
En un original intento de crear un libro fuera de lo común, el autor juega con las palabras, las ilustraciones y las fotografías. Tanto los textos como los dibujos suponen eslabones imprescindibles de la cadena que conforma la historia de Hugo Cabret.

 

Volviendo a la película, debemos destacar que está filmada en 3D digital, y que es la primera vez que Scorsese utilizó esta tecnología, así como también que es la primera vez que filmó una película basada en un libro para chicos.

Podríamos decir que ‘Hugo’ fue una excusa perfecta para realizar una biopic enmascarada en una hermosa ficción. Scorsese nos cuenta la vida y obra de George Mélies desde la excusa del misterioso autómata.

Si bien esto parecería ser el punto central del relato, resolver qué significa este autómata que acompaña a Hugo, todo termina resumido en la vida del innovador cineasta y es ésta la que nos disipa todas las incógnitas, por eso, como mencionaba hace algunas frases, es una película que sorprende y nos lleva de paseo hacia el pasado de manera magistral. Quizás el guión no es complejo ni entraña misterios de otra índole, pero nos adentra en una parte de la historia de una manera poética y, visualmente encantadora.

La obra de Méliès es la llave que desentraña el enigma. Esto hace que la historia tenga varias puntas y que por momentos no sepamos exactamente cuál es el tema central. A pesar de esto, nos mantiene al filo del asiento durante las dos horas que estamos frente a la pantalla; y es un film se resuelve de forma muy inteligente, conectando cada parte de la historia con el tópico de la magia. Toda la explicación necesaria reside en la magia, que es lo que, después de todo, impulsó a Méliès a involucrarse en el cine en un primer momento.

Al principio, puede parecer un poco desorientadora la historia, porque no sabemos exactamente a dónde nos llevará el relato, pero al instante que aparece el personaje de Méliès y todos los signos alusivos a su obra cinematográfica, la película cobra forma y cierra de inmediato todos los cabos sueltos de una manera maravillosa. Sin esperarnos este giro, nos relata la vida y el trabajo de Méliès y sus aportes al cine. Por eso considero que es una especie de biopic, sólo que, contada de una forma poco tradicional, casi circunstancialmente.

 

‘La invención de Hugo Cabret’ presenta un gran estímulo visual, asistimos a un despliegue de técnicas audiovisuales que se orientan a perpetuar la magia que esconde el cine. Nos sumergimos en una atmósfera onírica que se completa con los alucinantes vestuarios, la terminal de trenes de ensueños, sumergida en esa niebla que la hace interesante y misteriosa a la vez, y la fascinante recreación del París de los años ’30. No podemos poner esto en discusión, estéticamente estamos frente a una obra maestra, muy finamente cuidada. La estación de trenes es un espacio que se comporta como personaje indispensable en el avance de la película, no es una mera locación.

Un plano aéreo sobrevuela París y se cuela sobre los andenes de la estación, pasando a toda velocidad entre vagones, junto a pasajeros y acompañantes, para adentrase en el recibidor principal. El 3D nos permite sumergirnos tan de cerca, que tenemos la sensación de encontrarnos dentro de la maqueta más sofisticada del coleccionismo ferroviario. La magia está presente gracias a prodigiosas imágenes y una magnífica recreación de época.

La imaginación es la protagonista de esta historia y a su servicio se ponen las novelas de aventuras, los riesgos reales, los números de circo y el mayor espectáculo que surgió de las ferias ambulantes: el cine. Con todos estos componentes prodigiosos, ‘La invención de Hugo’ nos regala instantes emocionantes, como aquel en el que se pone por primera vez en marcha el autómata que dibuja y recrea la imagen antes mencionada de ‘Viaje a la Luna’.

 

Si bien cuenta una historia que podría considerarse de carácter serio (género: drama, fantasía, familiar), Hugo no deja de tener un toque de humor que la complementa a la perfección, agregándole un tono cómico al film.
Él observa todo lo que ocurre en la estación de trenes desde un enorme reloj, las peripecias de la rutina de los trabajadores y habitantes de ese micromundo: el malhumorado inspector de la estación (Sacha Baron Cohen) que persigue a los huérfanos e intenta conquistar a la florista (Emily Mortimer), el enamorado de Madame Emilie (Frances De La Tour) con sus acompañantes caninos, son algunos de los personajes que podemos destacar.
La estación es el mundo del que Hugo está cautivo hasta que aparece la aventura que lo lleva a viajar en el tiempo (no literalmente), conocer sobre los orígenes del cine, que son exhibidos de forma muy didáctica para el espectador ya que está presentado de una manera tan interesante que funciona tanto para aquellos conocedores de la historia del cine como para quienes no tienen idea alguna sobre estos sucesos; sobre literatura y sobre la magia presente en todas las cosas.

Tanto en el relato ilustrado de Selznick como en la película de Scorsese se recurre a fragmentos de películas de Harold Lloyd, Charles Chaplin, Buster Keaton y los hermanos Lumière, proyecciones de auténticos films o flashbacks que recrean los primitivos rodajes, suponen un gozo innegable para cualquier amante del cine y, en general, cualquier persona que disfrute de él.

 

El punto de vista de la historia es de dos niños buscando vivir una aventura que los lleve a descubrir el misterio del autómata.  El espectador ingresa en ella casi sin darse cuenta y vive el relato desde la mirada inocente que los caracteriza.
Martin Scorsese, cual mago (cual Méliès), nos invita a explorar, desde los ojos de un niño, el maravilloso mundo del cine, los misterios que éste encierra y la magia que todo lo devela.

La magia es el principio, el enigma y la solución. Encontramos la magia detrás de cada invención.
Esta película es una carta de amor al cine, de Scorsese para todos nosotros, los cinéfilos.

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